martes, 1 de noviembre de 2011

Relación entre los nativos americanos y los colonos europeos dentro del proceso de colonización de Estados Unidos.

Para comenzar el desarrollo de mi trabajo, debo apuntar que se estima que los primeros habitantes de Norteamérica se trasladaron hasta allí procedentes de Asia. Con el paso del tiempo, un grupo considerable de los mismos comenzó a expandirse lentamente hacia el sur, ocupando gran parte del territorio que hoy llamamos “Estados Unidos”.

Los mismos llegaron a poblar un área bastante extensa cuyas principales zonas fueron las orillas de Océano Pacífico en el noreste, en las montañas y desiertos del sudoeste, y en los márgenes del conocido rio Mississippi en el medio oeste. Como podemos ver, los principales grupos de primeros pobladores de Norteamérica se fueron expandiendo a zonas donde pudieran llevar a cabo sus principales actividades de subsistencia con facilidad. Fundamentalmente hacia las montañas donde abundan los animales y a orillas del río por el soporte del agua como elemento vital.

Los grupos descritos con anterioridad son conocidos como los honokam, los adenanos, los hopewelianos, y los anasazis. Como comunidades primitivas, su medio de vida estaba estrechamente vinculado a la tierra; de ella obtenían la mayoría de las cosas para su sustento. Por su parte, estaban organizados socialmente fundamentalmente como clanes o comunidades.

Para la fecha de la primera llegada de europeos a territorio norteamericano, se estima que existían aproximadamente 2,000,000 de nativos en el territorio conocido hoy en día como Estados Unidos.

La historia de la colonización de Norteamérica por parte de Europa está matizada por incursiones de todo tipo que dieron lugar al asentamiento de dichos “descubridores” a lo largo del territorio. Se estima que los primeros europeos en llegar fueron de procedencia Noruega. Los mismos viajaron con rumbo oeste desde Groenlandia, donde el muy conocido Erik el rojo fundó un asentamiento sobre el año 985.

Se cree que el objetivo de los vikingos al llegar a América fue sobre todo por el dominio de las rutas de navegación y el cobro de derechos para la venta en Europa de animales y otros bienes. De igual manera, existe la creencia de que su hijo Leif llevó a cabo en el año 1001 la exploración de la costa nororiental de lo que hoy es territorio canadiense.

El siglo XVI es considerado como la era de las exploraciones españolas en América. De ahí que hayan sido precisamente ellos quienes forjaron el primer asentamiento europeo en St. Augustine, parte de lo que hoy es territorio de la Florida.

De igual forma, la parte norte de lo que es hoy Estados Unidos se fue revelando lentamente en los viajes de descubrimiento y exploraciones de otras personas como Giovanni da Verrazano, Jacques Cartier y Amerigo Vespucci.

Aunque la poderosa España tuvo gran crédito ocupando territorio norteamericano, los asentamientos británicos fueron los de mayor relevancia en Estados Unidos. Los mismos tuvieron lugar a lo largo de la costa del Atlántico a partir del siglo XVII en Virginia, Massascusetts, Nueva York y las otras 10 regiones colonizadas por numerosos inmigrantes llegados de Europa, particularmente británicos.

Dentro de los asentamientos dentro de los Estados Unidos, es necesario destacar que la mayoría eran ingleses. Otros eran holandeses, alemanes, franceses y suecos. Muchos de estos colonos europeos se marcharon de sus países para huir de la guerra, la presión política, la persecución religiosa o una sentencia de cárcel.

La colonización de Norteamérica, como la de las Antillas, estuvo matizada por muchos conflictos y sangre. Muchas veces existió colaboración entre los colonos y los nativos, pero los colonos en todo momento se consideraron “superiores” a los nativos, es por ello que cuando no veían satisfechas sus necesidades, recurrían a la violencia.

A pesar de los conflictos, se estipula que en algunas zonas hubo comercio y cierta interacción social. Con el paso del tiempo, a medida que los nuevos asentamientos se expandieron, los nativos fueron obligados a replegarse, no muchas veces sin ofrecer resistencia. Por supuesto, la resistencia nunca estuvo a la altura de las poderosas armas que poseían los colonizadores.

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